Ácido al principio, amargo al final

Técnica

Ácido al principio, amargo al final

El molino no tiene por qué ser el primer sospechoso.

Hombre haciendo una intensa mueca de disgusto después de probar una poción amarga.
Una secuencia sensorial puede describir la taza sin explicar la extracción que la produjo. Detalle de The Bitter Potion (ca. 1636–1638), Adriaen Brouwer. Städel Museum, Frankfurt am Main. Dominio público.

El espresso empieza con un sabor agrio, una acidez fuerte y poco equilibrada. Luego, casi no se siente dulzor ni cuerpo que compense esa acidez. Al final, queda un amargor duradero o una sensación seca y áspera que no desaparece.

El resultado sensorial puede resumirse fácilmente: agrio al principio y amargo o astringente al final. Pero esto no es una conclusión ni un diagnóstico.

El consejo habitual es el mismo: muele más fino. El razonamiento suele formularse así: si la taza está «demasiado ácida», falta extracción; si falta extracción, hay que aumentarla. Este razonamiento es cómodo, pero empieza por la solución sin antes hacer un diagnóstico. Esa taza no explica qué ocurrió dentro de la pastilla de café (puck), solo muestra un resultado sensorial que puede deberse a varias causas.

Dos sabores no son un diagnóstico

La diferencia clásica entre subextracción y sobreextracción sigue siendo útil como guía inicial. Ayuda a entender por qué un espresso débil, agrio y poco desarrollado puede necesitar más extracción, y por qué otro, áspero, seco o dominado por notas tostadas puede mejorar si dejamos de forzarlo. El problema surge cuando usamos esta diferencia como regla para cualquier taza.

Un inicio agrio y un final amargo pueden deberse, al menos, a tres situaciones. Puede haber una extracción baja en general: la mayor parte del café no ha dado mucho, y el amargor del café o del tueste se nota más por la falta de dulzor. Puede haber una extracción desigual: la bebida reúne aportes procedentes de zonas de la pastilla que no se extrajeron de manera uniforme. O puede que la receta no sea la adecuada para ese café: la taza parece necesitar más desarrollo, pero alargar la extracción no ayuda y solo prolonga el defecto.

IDEA CLAVE

El patrón describe la taza, pero no identifica por sí mismo lo ocurrido en la pastilla.

Por eso, moler más fino es solo una posible solución, no una respuesta automática. En buenas condiciones, una molienda más fina aumenta la superficie disponible y puede incrementar la extracción. Pero este efecto no continúa indefinidamente: a partir de cierto punto, seguir afinando puede reducir el rendimiento. Michael Cameron y su equipo, en un estudio que modeló matemáticamente la extracción del espresso, observaron que, en sus condiciones experimentales, el rendimiento alcanzaba un máximo con un ajuste de molienda determinado y descendía tanto con moliendas muy gruesas como excesivamente finas. Interpretaron el descenso en la zona fina como una señal de un flujo desigual. Esto no significa que todo espresso agrio y amargo se deba a la canalización, pero sí muestra que seguir afinando no asegura ni un mayor rendimiento ni una extracción más uniforme.

Antes de tocar el molino

Remover antes de corregir

Para la primera comprobación no es necesario cambiar la receta. Basta con remover bien el espresso y volver a probarlo. La crema no es una capa neutra. Denis Barron y su equipo, en un estudio en el que elaboraron bebidas con distintas cantidades de crema combinando cambios en la presión de extracción y en el filtrado, encontraron una asociación entre una mayor presencia de crema y un mayor predominio de notas tostadas durante el consumo. Como el diseño no modificó la crema de forma aislada, el resultado observado no puede atribuirse únicamente a ella.

Mezclar bien no elimina las diferencias entre las capas, pero proporciona una muestra más homogénea y reduce el riesgo de confundir la estratificación de la taza con una característica fija del café.

La segunda comprobación es catar la misma taza cuando está caliente y mientras se enfría. Hay que anotar tres momentos: entrada, centro y persistencia. No se trata de reconstruir la extracción segundo a segundo, sino de describir mejor la experiencia. Aunque se dice que primero salen los ácidos y al final los amargos, Mackenzie Batali y su equipo, en un estudio sobre café de filtro fraccionado, encontraron que las primeras fracciones eran más ácidas y más amargas que las últimas, y que algunas sensaciones dulces y florales aumentaban al final. No era espresso y el resultado no se puede aplicar directamente, pero sirve para ver que esa secuencia universal no siempre se cumple.

Nombrar lo que se percibe

La tercera comprobación consiste en determinar si el final es amargo o astringente. El amargor es un sabor, mientras que la astringencia es una sensación táctil de sequedad y aspereza en la boca. Pueden aparecer juntas y, en el lenguaje común, suelen mezclarse, pero no siempre indican el mismo problema. Brianne Linne y su equipo, al investigar la astringencia en el café, identificaron, por ejemplo, un aislado de melanoidinas rico en compuestos fenólicos que contribuyó a las sensaciones astringentes. Si lo que queda es sequedad, decir solo «amargo» no ayuda a un diagnóstico correcto.

Hay que prestar la misma atención a la entrada. En este artículo, «ácido» y «agrio» no se usan como sinónimos. La acidez puede ser viva, frutal e integrada y, en muchos cafés, es precisamente lo que se busca. «Agrio» describe aquí una acidez punzante, descompensada o desagradable. Anotar solo «ácido» cuando, en realidad, la sensación es agria confunde una cualidad con un defecto y puede llevar a moler más fino sin comprobar nada.

Repetir antes de ajustar

Para la última comprobación se debe repetir la receta antes de cambiarla. Misma dosis, misma cantidad de bebida final, misma temperatura y preparación, lo más constante posible. Es útil anotar el tiempo de extracción porque ayuda a detectar cambios, no porque todos los cafés deban durar lo mismo. Si dos extracciones nominalmente iguales saben muy diferente, todavía no hay una base estable para cambiar la molienda. Lo más importante es lograr repetibilidad: preparar bien la pastilla, usar una dosis adecuada al tamaño de la cesta, lograr una saturación uniforme y asegurar un flujo estable. Mencionar estas posibilidades no significa que sepamos cuál falló.

Interrogar la cola

Si el patrón se repite, se puede analizar la parte final de la bebida por separado. Aquí, cola es la fracción líquida que cae al final de la extracción, no el regusto que queda después de beber. La pregunta es sencilla: ¿esa fracción completa el espresso, aportando apertura, dulzor o equilibrio, o solo diluye el centro y alarga el amargor o la sequedad?

La prueba necesita dos extracciones comparables. La primera es la referencia. En la segunda, se mantienen la dosis, la molienda, la temperatura y la preparación, pero se recoge por separado una fracción final previamente definida. No hay un corte universal en gramos: solo debe ser suficiente para catarla sin que la prueba se convierta en una receta nueva. Luego se remueven bien las muestras y se comparan el cuerpo principal, la cola aislada y, si es posible, una mezcla de ambas.

OBSERVACIÓN PROPIA

Kima El Placer Bourbon Ají

Montaje utilizado en la serie y protocolo aplicado al comparar dos o tres espressos completos.

Máquina

Nurri L-Type

Molino

Lagom P100 · SSP 98 HU

Cesta

IMS Big Bang

Medición de TDS

Refractómetro VST LAB

PROTOCOLO

Cuando comparé dos o tres espressos completos, los caté a temperaturas de consumo aproximadamente equivalentes, comprobadas en la superficie con un termómetro infrarrojo.

En una serie con este café, molí a 0,95 en el P100: 18 gramos dentro, 34,5 en taza, 27 segundos y un TDS de 9,58 %. La taza resultó amarga. Abrí a 1,10 y, con los mismos 18 gramos, obtuve 35 en 19 segundos, con un TDS de 9,44 %. El amargor bajó, pero la taza quedó poco expresiva. Un molido más grueso no logró un mejor equilibrio.

Hay un detalle importante. Al calcular el rendimiento de extracción (extraction yield, EY) con el TDS y la masa de la bebida, ambos tiros quedaron cerca del 18,36 %. La diferencia calculada, inferior a 0,01 puntos porcentuales, es demasiado pequeña para interpretarla frente a la incertidumbre de la medición. No se puede decir que las dos extracciones fueran exactamente iguales, pero en este caso, una medida global no distinguió dos tazas sensorialmente distintas.

En una prueba posterior, mantuve 18 gramos, 91 °C, un ajuste de 0,95 y una preinfusión a 2 bar hasta que la balanza marcó 6 gramos acumulados en taza. Continué la extracción hasta 38,4 gramos y aparté los siguientes 10 gramos. Probé esa cola casi inmediatamente y antes de la bebida principal: una muestra tan pequeña se enfría enseguida, y catar primero el espresso podía saturar el paladar. En ella percibí claramente notas terpénicas y un amargor similar al de una cerveza IPA. De ahí surgió una hipótesis útil: en esa receta, los últimos gramos parecían prolongar el defecto más que completar el centro.

Hasta ahí llega la prueba. Catar la cola de este modo sirve como comprobación orientativa del punto de corte: permite examinar qué aporta el tramo que se incorporaría al prolongar la extracción. Si es claramente amarga, hay motivos para probar un ratio más corto; si no lo es, se puede considerar uno más largo. Pero la muestra es pequeña, se enfría rápido y casi no permite repetir la cata. La comprobación importante llega después, al comparar espressos completos preparados con distintos puntos de corte.

De hecho, otra receta con el mismo café, una molienda más gruesa y un ratio más largo, de 18 a 54 gramos en unos 21 a 22 segundos, resultó más dulce y menos agresiva. Como se cambiaron al mismo tiempo la molienda, el flujo y el ratio, esa prueba no permite decir cuál factor mejoró la taza. Pero sí muestra que una cola amarga no fija un punto de corte permanente para el café, solo puede juzgarse dentro de la receta que la generó.

Elegir el siguiente cambio

Después de remover, describir con precisión, repetir e interrogar la cola, la taza aún no aporta certeza sobre la causa. Pero ya permite decidir mejor el siguiente paso. Esa es la meta razonable del diagnóstico: no adivinar todo lo que pasó en la pastilla, sino decidir qué variable conviene cambiar después.

— Si la taza es repetible, débil y marcadamente agria, y la cola no empeora el resultado, probar una molienda un poco más fina es razonable, manteniendo la bebida final.

— Si el centro está bien y la última fracción solo añade amargor o sequedad sin mejorar el equilibrio, la prueba consiste en una bebida más corta, manteniendo la molienda.

— Si dos tiros nominalmente iguales producen perfiles sensoriales distintos, primero hay que estabilizar la preparación y la relación dosis-cesta. Ajustar por sabor sobre una extracción variable solo traslada el problema.

— Si el defecto persiste de forma estable a lo largo de varias recetas razonables, la siguiente prueba puede ser la temperatura. Después vendrán el café, el desarrollo del tueste o el agua, pero sin convertirlos en explicaciones retroactivas.

En todos los casos, es mejor cambiar solo una variable cada vez. Si se modifican a la vez la molienda, el ratio, la temperatura y la preinfusión, puede salir una taza mejor, pero no se sabrá por qué. Cesta, distribución, preinfusión y tueste son importantes; cada factor merece su propia revisión. Aquí solo sirven para recordar que una sensación puede tener más de una causa.

«Ácido al principio, amargo al final» puede describir fielmente lo que ocurre en la boca sin explicar qué ocurrió en la pastilla. Moler más fino puede ser la respuesta, pero solo después de asegurarse de que esa era la pregunta correcta.

REFERENCIAS

Fuentes principales

Estas referencias respaldan afirmaciones concretas sobre molienda, crema, fraccionamiento y astringencia. El protocolo diagnóstico y la interpretación del caso Kima se presentan como inferencias técnicas y observaciones propias.

01

Systematically Improving Espresso: Insights from Mathematical Modeling and Experiment

Cameron et al. · Matter · 2020

Matter, 2(3), 631–648.

02

Impact of crema on the aroma release and the in-mouth sensory perception of espresso coffee

Barron et al. · Food & Function · 2012

Food & Function, 3, 923–930.

03

Sensory and monosaccharide analysis of drip brew coffee fractions versus brewing time

Batali et al. · Journal of the Science of Food and Agriculture · 2020

Journal of the Science of Food and Agriculture, 100(7), 2953–2962.

04

Chemical characterization and sensory evaluation of a phenolic-rich melanoidin isolate contributing to coffee astringency

Linne et al. · Food & Function · 2025

Food & Function, 16, 2870–2880.

LÍMITES

Lo que todavía no sabemos

No existe una equivalencia demostrada entre el patrón «ácido al principio, amargo al final» y un único mecanismo. El sabor, por sí solo, no demuestra ni canalización ni extracción desigual. Separar la cola es una prueba sensorial práctica, no un análisis químico de las últimas fases de la extracción. Las lecturas de TDS provienen de mediciones refractométricas en muestras de espresso y aquí se usan de forma comparativa; las pequeñas diferencias también dependen del muestreo y de la repetibilidad de las mediciones. Las referencias científicas respaldan afirmaciones concretas; el protocolo diagnóstico y la interpretación del caso Kima son inferencias técnicas y observaciones propias.

En los dos primeros tiros de Kima, el registro conserva dosis, masa de bebida, tiempo, ajuste de molienda y TDS, pero no todos los parámetros de preparación; la comparación debe entenderse como observacional, no como un ensayo controlado.

AUTOR

J.J. Cisneros

Creador y editor de The Friday Coffee

Escribe sobre café desde la experiencia directa con máquinas, molinos y métodos de preparación. Su trabajo combina uso prolongado, observación, medición y documentación técnica, sin separar el equipamiento de la cultura que lo rodea.

LA PUBLICACIÓN

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