Preparación
Cómo construir una receta de espresso sin perseguir los 30 segundos
Dosis, rendimiento, preinfusión, primera gota y tiempo total no cumplen la misma función. Ordenarlos permite ajustar el espresso según lo que ocurre en la taza, sin convertir el cronómetro en juez.

Dos espressos de un Brasil natural de Espírito Santo do Pinhal: 18 gramos de dosis y 38 gramos en taza. Con el dial de molienda del Mythos ajustado a 3,1, el primero terminó en 29 segundos; al moverlo a 3,15, el segundo terminó en 26. Si la receta solo buscara acercarse a los treinta segundos, el primero sería el ganador.
Pero no fue así. El primero tenía amargor y un sabor a tostado en la cola. El segundo ofrecía una acidez agradable, notas de caramelo y avellana, y un final menos tostado. Una receta puede modular el tueste, pero no eliminarlo. El segundo espresso era claramente mejor.
La conclusión no es que 26 segundos sean mejores que 29. Cambiar un número por otro sería igualmente arbitrario. El cronómetro solo muestra una diferencia, pero no decide qué taza es mejor.
Los treinta segundos no son el problema
La definición histórica de la SCAA —una de las dos asociaciones que se unificaron en 2017 para formar la actual SCA— establecía un tiempo de extracción de 20 a 30 segundos. En 2017, una encuesta a 275 baristas registró como intervalo más habitual el de 25–30 segundos, con dosis de 18–20 gramos y un ratio cercano a 1:2, aunque los límites aceptables fueron mucho menos uniformes1.
Empezar en ese rango ayuda a evitar que el primer espresso salga bloqueado o demasiado rápido. El error es usar esa referencia como regla fija: decir que un espresso de 22 segundos está subextraído y uno de 35 está sobreextraído antes de probarlos.
El tiempo refleja la resistencia de la pastilla (puck) bajo ciertas condiciones de dosis, molienda, presión, flujo, temperatura y geometría de la cesta. Puede avisar de un cambio, pero no explica la causa ni dice si la taza sabe mejor.
Una receta tiene un orden
Primero, el café debe permitir una calibración útil. Tras el tostado, libera CO₂ a un ritmo que varía con el tiempo y depende del grado de tueste y de otras características del café2. Este proceso, llamado desgasificación, ayuda a explicar por qué una bolsa muy reciente puede comportarse de forma irregular y por qué no existe un tiempo de reposo universal. Si los tiros consecutivos preparados de manera equivalente varían mucho, conviene revisar primero la preparación; si el café todavía es muy reciente, dejarlo reposar y volver a probar puede aportar más información que reajustar continuamente el molino. La distribución, el tueste o el agua también pueden influir en el resultado.
Antes de preparar el espresso, hay que decidir algunas variables: dosis, rendimiento (peso en taza), temperatura y, si la máquina lo permite, preinfusión o perfil de presión. Luego se ajusta la molienda. Durante la extracción, se observan la primera gota, el flujo y el tiempo total. Al final, se prueba la taza.
Si no se distinguen esas funciones, es fácil entrar en ajustes circulares y perder de vista la causa. Por ejemplo, si un espresso de 18 gramos de café y 38 gramos en taza termina en 22 segundos y resulta demasiado ácido, moler más fino puede ser una opción. Pero también puede que el rendimiento elegido —esos 38 gramos— sea demasiado corto para ese café, que la temperatura sea insuficiente, que la humectación no sea uniforme o que la cesta no sea adecuada para esa dosis. Usar la molienda únicamente para llevar el tiro hasta los treinta segundos equivale a elegir la causa antes de haberla comprobado.
Fijar una dosis que encaje en la cesta
La dosis inicial no debería elegirse solo por costumbre ni utilizarse como acelerador ni como freno del tiro. Debe ser coherente con la capacidad de la cesta y con el espacio entre la pastilla y la ducha. Ese espacio no depende únicamente de los gramos: también influyen la densidad y el grado de tueste del café, así como la molienda. A igual dosis, un café napolitano de tueste oscuro y molido más grueso puede formar una pastilla más alta y dejar menos espacio bajo la ducha. Como cambiar la dosis también modifica la profundidad, la resistencia y la humectación, conviene fijarla antes de ajustar la molienda. 18 gramos pueden funcionar bien con un café y dejar demasiado o muy poco espacio con otro, incluso en la misma cesta.

Decidir qué bebida se quiere obtener
Es mejor decidir el rendimiento antes que el tiempo. Un punto de partida común es 1:2, es decir, 18 gramos de café para 36 gramos de bebida. Esto es típico en muchos estilos actuales, pero no es obligatorio.
Acortar el rendimiento suele elevar la concentración, reforzar la textura y evitar parte de la cola. Alargarlo suele reducir la concentración y extraer más material, lo que puede abrir un café poco soluble o introducir sequedad.
La extracción se detiene al alcanzar el peso deseado. El tiempo que tarda en alcanzarlo es información; el rendimiento es una decisión de receta.
Separar preinfusión, primera gota y tiempo total
La temperatura y la forma en que entra el agua también deben tener un punto de partida estable. Elegir una temperatura adecuada para el tueste y mantener el perfil habitual de la máquina ayuda a centrarse en la dosis, el rendimiento y la molienda.
La preinfusión no es solo una pausa previa a la fase principal. Consiste en introducir agua en la pastilla a una presión o un caudal inferiores a los de esa fase. Su duración solo tiene sentido si se explica cómo la máquina la realiza: 2 segundos de mojado y pausa, 8 segundos a presión de red o 14 segundos a 2,5 bar no son lo mismo3.
Es útil distinguir tres momentos: el inicio del ciclo, la primera gota y el paso a la fase principal. La primera gota sirve para comparar espressos hechos con el mismo equipo y método, pero no garantiza que toda la pastilla esté saturada ni establece un objetivo universal. Fijar siempre la primera gota en ocho segundos es repetir el error de buscar los treinta.
La palanca hace visible el problema
Una máquina de muelle como la Nurri L-Type muestra por qué el tiempo necesita contexto. El tiempo total no revela cuánto dura cada fase ni qué ocurre antes y después de liberar la palanca.
OBSERVACIÓN PROPIA
Un mismo tiempo, varias fases
Un registro habitual en la Nurri L-Type permite ver cómo se distribuyen los segundos dentro del tiro.
Preinfusión
2–2,5 bar
Antes de liberar
≈ 6 g en taza
Duración de la PI
10–15 s
Tiempo total
28–31 s
LECTURA
Al liberar la palanca, se inicia una fase de presión más alta que va disminuyendo poco a poco. El rendimiento final se determina según el café; este ejemplo solo muestra cómo se distribuye el tiempo.

Una máquina de bomba puede completar la extracción en ese mismo intervalo mediante una preinfusión breve y una fase principal a presión casi constante. El tiempo coincide; la forma de aplicar el agua, no.
El tiempo coincide; la forma de aplicar el agua, no.
Para repetir una receta, conviene anotar la preinfusión —su duración y, cuando sea posible, su presión o caudal—, el momento de la primera gota, el rendimiento y el tiempo total. Si el perfil tiene fases diferenciadas, también resulta útil registrar la cantidad obtenida antes de pasar a la fase principal y la acción que marca esa transición, como liberar una palanca o mover un paddle. En todos los casos, debe quedar claro desde qué acción se inicia la medición del tiempo.
Ajustar la molienda sin convertirla en un temporizador
Una vez fijados provisionalmente la dosis, el rendimiento, la temperatura y el perfil, la molienda regula buena parte de la resistencia. Moler más fino suele reducir el flujo y alargar el tiempo; moler más grueso suele hacer lo contrario. La relación es útil, pero no es lineal ni se mantiene indefinidamente.
Michael Cameron y su equipo, en un estudio que modeló matemáticamente la extracción del espresso, observaron que, en sus condiciones experimentales, el rendimiento alcanzaba un máximo con un ajuste de molienda determinado y descendía cuando la molienda se volvía excesivamente fina. Interpretaron ese descenso como una señal de flujo desigual. En esas condiciones, seguir afinando para prolongar la erogación puede hacer que se extraiga menos material, no más4.
La molienda debe situar el tiro en una zona hidráulica utilizable: sin bloqueos, sin que el agua circule demasiado rápido y con resultados reproducibles. Dentro de ese rango, lo importante es el sabor. Explorar perfiles de caudal o de presión es un paso posterior y no sustituye a los ajustes básicos al abrir una bolsa nueva. Un espresso no es malo solo porque termine en 23 o en 34 segundos.
Un orden práctico de ajuste
Esta secuencia no asigna valores universales a cada variable. La cesta y la máquina delimitan algunos puntos de partida; el café y la bebida buscada orientan otros. Su función es ordenar las decisiones y facilitar que se cambie una sola variable cada vez, para observar su efecto.
- Comprobar la fecha de tueste. Si el café es muy reciente y los tiros consecutivos preparados de forma equivalente varían mucho, conviene revisar la preparación, dejarlo reposar algo más y volver a probar.
- Elegir conjuntamente la cesta y la dosis, comprobar el espacio entre la pastilla y la ducha y mantener después la dosis fija.
- Definir un rendimiento inicial. Un ratio 1:2 es una referencia común; un tueste oscuro puede admitir un rendimiento más corto y uno claro puede necesitar uno más largo, según la bebida buscada.
- Mantener constantes la temperatura y la preinfusión durante los primeros ajustes.
- Ajustar la molienda hasta que el tiro avance sin bloquearse ni fluir de forma descontrolada. El tiempo delimita una ventana de trabajo, no un objetivo obligatorio.
- Registrar la primera gota, el rendimiento y el tiempo total; si hay varias fases, anotar también cuándo se produce cada transición y el peso alcanzado en ese momento.
- Catar, modificar una sola variable y repetir. Solo después de ajustar la molienda y el rendimiento tiene sentido explorar la temperatura, el caudal o la presión.
El sabor es lo que manda al hacer cambios. Si una bebida equilibrada resulta demasiado intensa, se puede aumentar el rendimiento. Ante una acidez punzante en un espresso rápido, alargar el rendimiento y moler más fino son opciones diferentes; la concentración y la textura ayudan a decidir. Si la sequedad aparece en la cola, detener el tiro antes informa más que forzar otro tiempo con la molienda.
Si el espresso empieza ácido y termina amargo o astringente, conviene revisar primero la distribución, la dosis y la humectación. Esto se explica en el artículo «Ácido al principio, amargo al final». Si el defecto persiste tras varios cambios, probar el café en cata o en filtro ayuda a distinguir un problema de receta de una característica del café o del tueste. Y si la taza está equilibrada fuera de la ventana prevista, se conserva y se anota el tiempo.
Estas orientaciones son hipótesis de trabajo, no reglas automáticas. Si la diferencia es pequeña, es mejor repetir el espresso antes de sacar conclusiones.
IDEA CLAVE
El espresso no se ajusta para que dure treinta segundos, sino para que tenga buen sabor. El tiempo sirve después para repetir la receta.
El momento en que el tiempo vuelve a importar
Cuando se logra una taza convincente, el tiempo cumple otra función. Si ayer la receta dio 38 gramos en 26 segundos y hoy tarda 33 segundos, eso indica que algo cambió en el café, el molino, la distribución o la temperatura. No dice la causa, pero sí ayuda a saber dónde buscar. Los 26 segundos importan entonces porque pertenecen a una receta validada en taza: funcionan como control de repetibilidad, no como definición de calidad.
Una receta completa no se reduce a «18 g, 38 g en taza, 30 s»: también indica qué cesta se utiliza, cómo se aplica el agua y desde cuándo se mide el tiempo. En el ejemplo del Brasil, el espresso de 26 segundos no fue mejor por ser más rápido, sino porque sabía mejor. Solo después de validar la taza, esos 26 segundos se convirtieron en una referencia para repetirla.
REFERENCIAS
Fuentes principales
La SCA documenta la definición histórica y la encuesta profesional; Smrke et al. respaldan la explicación de la desgasificación; La Marzocco se utiliza de forma descriptiva para distinguir modos de aplicar el agua; y Cameron et al. sostienen el límite de la molienda excesivamente fina. Los ejemplos de ajuste y las orientaciones prácticas se presentan como observaciones e interpretación propias.
01
Defining the Ever-Changing Espresso
Definición histórica de la SCAA y resultados de la encuesta realizada en 2017 a 275 baristas.
02
Time-Resolved Gravimetric Method To Assess Degassing of Roasted Coffee
Journal of Agricultural and Food Chemistry, 66(21), 5293–5300.
03
Pre-Brew, Pre-Infusion, and Pressure Manipulation Explained
Fuente del fabricante utilizada de forma descriptiva para distinguir prebrew, preinfusión y manipulación de presión.
04
Systematically Improving Espresso: Insights from Mathematical Modeling and Experiment
Matter, 2(3), 631–648.
LÍMITES
Lo que esta observación no demuestra
Los dos espressos del principio son solo una observación de ajuste, no un experimento controlado ni una prueba directa del efecto de la molienda. Las recomendaciones sensoriales varían según el café, el tueste, el agua, el molino, la cesta y la máquina.
LA PUBLICACIÓN
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